- Si fuéramos automóviles, la Cuaresma sería el tiempo de cambiar el aceite y afinar el motor.
- Si fuéramos jardines, la Cuaresma sería tiempo de fertilizar nuestra tierra y arrancar las malas hierbas.
- Si fuéramos alfombras, la Cuaresma sería tiempo de darles una buena limpieza con el aspirador o una buena sacudida.
- Si fuéramos baterías, la Cuaresma sería tiempo de recargarlas.
De aquí nace la necesidad de una buena confesión.
Somos humanos y, en más de una ocasión, hemos hecho cosas que no están bien. Por eso, necesitamos reconocer nuestros errores y arrepentirnos sinceramente de ellos.
De aquí surge también la necesidad de la limosna.
A menudo nos dejamos llevar por el egoísmo y el afán de pensar solo en nosotros mismos. Por eso, debemos aprender a mirar a los demás, a compartir con quien más lo necesita y a practicar la caridad con alegría.
Y de aquí, la necesidad de la oración.
Muchas veces perdemos de vista el propósito para el cual fuimos creados. La oración nos ayuda a ordenar nuestra vida, a poner a Dios en el centro y a vivir con las prioridades correctas.

Que este tiempo de Cuaresma sea una oportunidad para renovar nuestro corazón y servir mejor a Dios.
